La Tarotista y Los Cuatro jinetes
Capítulo II
Estaba tranquilo a pesar de todo lo que estaba aconteciendo mundialmente, pues no había oído ni sentido nuevamente a pájaros ni nada extraño. Pero hacía dos días, cuando por fin había podido acostarme a descansar temprano, desperté de un sobresalto. Estaba soñando que cuatro caballos se me venían encima a fuerte galope y relinchando.
Sucedía además, que ya prácticamente no iba a mi consulta, pues mí tiempo lo debía ocupar en continuar analizando casos que-como anteriormente escribí- aún están sucediendo a nivel mundial. De todos modos, tengo doble razón para directamente evitar atender a más gente.
La última paciente, Antonia Durán, según ella más conocida como “Isis” en el ámbito al cual se dedica, la adivinación, pues es Tarotista, realmente me dejó pensando.
Me visitó en la tarde del viernes pasado; y apenas entró en mi consulta me dijo:
-¿Sabe usted que durante treinta años he tenido más de un centenar de psicólogos y psiquiatras que concurren a mí porque no saben qué les sucede y sus vidas están vacías? Qué ironía ¿No cree?
Dijo mirando hacia el piso.
-“Doctor, vengo a intentar sanarlo antes de que usted, que es quien supuestamente ayuda a los locos se transforme en uno de ellos.”
Luego de su presentación y saludo prácticamente no me dejó hablar, más que como digo para preguntar su nombre y poder hacer la ficha clínica. Enseguida de aquello le pedí permiso para poder grabar la conversación, pero dijo que no, porque ella hacía tiempo que sabía y entendía lo que iba a pasar a nivel mundial y no quería ser guía de nadie. Me negó más datos de su identidad, también.
Así que como entenderán, intentaré relatar lo que ocurrió en mi consulta con el mayor detalle que recuerde.
-Si quiere se sienta usted en mi lugar para contarle algo que debe saber-dijo con sonrisa y gesto sarcásticos. No es necesario- argüí -y ella prosiguió.
-Aunque las noticias han servido para confirmar ciertos dones míos de realmente adelantarme algunas veces a los hechos que ocurrirán; y que créame, tampoco ha sido fácil para mí; años atrás, yo ya sabía que pasaría todo esto. Pero el detalle, en este caso no es lo importante, ni tampoco que usted me crea y mucho menos hablarle de mis supuestos dones; Porque en sólo dos días más, usted tendrá que viajar a investigar en terreno a cuatro personas de cuatro puntos cardinales y entonces, cuando todo esto que le estoy diciendo comience a suceder en su vida, usted recién creerá en lo que le digo.
Le adelanto, eso sí, que no me volverá a ver hasta cuando esté próximo al quinto punto…
¿Por qué? Porque creo estar segura que aquello se me revelará nuevamente para venir con usted; pero no sé cuándo ni cómo. Verá usted: “Uno puede tener mil dones; siempre y cuando, no se crea dueño de ellos…”
Hasta ese momento yo simplemente permanecí sentado en mi escritorio con las manos en el mentón en absoluto silencio escuchando y mirando a “Isis”.
La mujer terminó su monólogo con las siguientes palabras:
-Doctor Jean. Creo que su nombre no es una casualidad. Los cuatro casos que deberá investigar tendrán que ver con cuatro caballos. Y del quinto como le digo, aún no sé nada.
Se paró de su asiento, caminó hasta la puerta; me dijo que tenga suerte y buenas tardes.
Finalmente volteó y dijo:
-“… y guíese por la biblia; Mateo 24 y Apocalipsis; los cuatro jinetes, serán sus pacientes.”
Hoy es Domingo. Acabo de recibir un mail desde la federación de psiquiatras en Argentina.
Cuarenta pacientes de diferentes ciudades han concurrido a consultas de colegas médicos psiquiatras. Aseguran haber visto un caballo blanco volando. Me piden que viaje hacia aquel sur para ayudar a analizar a un caso en especial.
Sucedía además, que ya prácticamente no iba a mi consulta, pues mí tiempo lo debía ocupar en continuar analizando casos que-como anteriormente escribí- aún están sucediendo a nivel mundial. De todos modos, tengo doble razón para directamente evitar atender a más gente.
La última paciente, Antonia Durán, según ella más conocida como “Isis” en el ámbito al cual se dedica, la adivinación, pues es Tarotista, realmente me dejó pensando.
Me visitó en la tarde del viernes pasado; y apenas entró en mi consulta me dijo:
-¿Sabe usted que durante treinta años he tenido más de un centenar de psicólogos y psiquiatras que concurren a mí porque no saben qué les sucede y sus vidas están vacías? Qué ironía ¿No cree?
Dijo mirando hacia el piso.
-“Doctor, vengo a intentar sanarlo antes de que usted, que es quien supuestamente ayuda a los locos se transforme en uno de ellos.”
Luego de su presentación y saludo prácticamente no me dejó hablar, más que como digo para preguntar su nombre y poder hacer la ficha clínica. Enseguida de aquello le pedí permiso para poder grabar la conversación, pero dijo que no, porque ella hacía tiempo que sabía y entendía lo que iba a pasar a nivel mundial y no quería ser guía de nadie. Me negó más datos de su identidad, también.
Así que como entenderán, intentaré relatar lo que ocurrió en mi consulta con el mayor detalle que recuerde.
-Si quiere se sienta usted en mi lugar para contarle algo que debe saber-dijo con sonrisa y gesto sarcásticos. No es necesario- argüí -y ella prosiguió.
-Aunque las noticias han servido para confirmar ciertos dones míos de realmente adelantarme algunas veces a los hechos que ocurrirán; y que créame, tampoco ha sido fácil para mí; años atrás, yo ya sabía que pasaría todo esto. Pero el detalle, en este caso no es lo importante, ni tampoco que usted me crea y mucho menos hablarle de mis supuestos dones; Porque en sólo dos días más, usted tendrá que viajar a investigar en terreno a cuatro personas de cuatro puntos cardinales y entonces, cuando todo esto que le estoy diciendo comience a suceder en su vida, usted recién creerá en lo que le digo.
Le adelanto, eso sí, que no me volverá a ver hasta cuando esté próximo al quinto punto…
¿Por qué? Porque creo estar segura que aquello se me revelará nuevamente para venir con usted; pero no sé cuándo ni cómo. Verá usted: “Uno puede tener mil dones; siempre y cuando, no se crea dueño de ellos…”
Hasta ese momento yo simplemente permanecí sentado en mi escritorio con las manos en el mentón en absoluto silencio escuchando y mirando a “Isis”.
La mujer terminó su monólogo con las siguientes palabras:
-Doctor Jean. Creo que su nombre no es una casualidad. Los cuatro casos que deberá investigar tendrán que ver con cuatro caballos. Y del quinto como le digo, aún no sé nada.
Se paró de su asiento, caminó hasta la puerta; me dijo que tenga suerte y buenas tardes.
Finalmente volteó y dijo:
-“… y guíese por la biblia; Mateo 24 y Apocalipsis; los cuatro jinetes, serán sus pacientes.”
Hoy es Domingo. Acabo de recibir un mail desde la federación de psiquiatras en Argentina.
Cuarenta pacientes de diferentes ciudades han concurrido a consultas de colegas médicos psiquiatras. Aseguran haber visto un caballo blanco volando. Me piden que viaje hacia aquel sur para ayudar a analizar a un caso en especial.










6 comentarios:
Angustiante… Angustiante; a pesar de que el doctor (pienso) es pieza fundamental de estas señales apocalípticas, quizás (en un momento dado) podría perder la cordura…
Laín, con esta serie estás creando un gran suspenso. Dejas al lector con la intriga de qué más seguirá sucediendo.
En hora buena… Salu2.
Bue, de éste relato no sé nada, porque también he incluído a dos compañeros de un foro,jajajja y ahora no sé como mier--- lo voy a seguir.
Se me puso peluda la cosa.Además que tenía hace tiempo empezada una "supuesta novela" y me servirían estos dos capítulos cortos.
A ver si mi cráneo puede unir todo y continuar.
Prácticamente estos relatos son como borradores.já!
Gracias por pasar por acá, Javier.
Un abrazo
Una de dos, amigo Laín, o estás desarrollando una prodigiosa imaginación o te encontrarás en breve con los cuatro jinetes...
En cualquiera de ambos casos, suerte.
jajaja...no amigo Rudy, son sólo escritos, sólo eso.Y ni se aún, si sea capaz de continuarlos.
Gracias por tu pasito por acá.
Un abrazo
Recién ahora caigo en la cuenta de que ya había leído esta Parte II también. De todos modos fue bueno refrescar estas crónicas. Ahora entiendo mejor el viaje a Merlo y el encuentro con el niño.
Pensar, Laín, que recuerdo tan bien eventos sucedidos cuando sólo contaba con siete u ocho años de edad, pero si me preguntas algo que sucedió ayer, a veces se interpone el señor Alzheimer, y me dice: "de aquí no pasas". Y ahí me quedo hasta que llega alguien a socorrerme. Como tú, con los enlaces.
Gracias, muchacho, hasta la próxima. Estaré dándome una vuelta para averiguar si el psiquiatra no terminó internado en un neuropsiquiátrico.
jajjaaj cielos Rudy, pero si la memoria del día a día a veces realmente parece nuestra enemiga... Qué cosas que tiene la mente, no?
Agradezco te dieras el tiempito de ir a los link para recordar estos escritos, Rudy.
Y a ver pues, qué sucede con el relatillo más adelante.
Gracias nuevamente
Un abrazo
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