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miércoles, mayo 20

Cosas de niños/Anécdotas de vida Real.


Tenías esa ingenua edad, cuatro años y fuimos al supermercado.

-Quédate a mi lado, porque te puedes perder;- te dije en aquel lugar, sabiendo que sólo deseabas correr y explorar.

Al pasar por la zona en donde estaban los guardias, también te comenté que si te perdías, siempre debías buscar a un policía. Y de un momento a otro, realmente te perdiste en aquel espacio enorme para alguien tan pequeño.

Llamaron por un parlante a los padres de un tal Miguel Ángel, y fui al lugar de los guardianes, el que antes te mostré en señales.

-Su hijo estaba perdido, quédese en paz-me dijo un amable hombre.

Agradecí el gesto pero nadie supo que yo desde lejos siempre vi dónde estaba el niño. Y en el momento en que te miro y te pregunto cómo estás y también te vuelvo a decir que hay que tener cuidado con perderse; tú me respondes muy enojado:

- ¡Cómo es posible! ¡Tú no te me pierdas nunca más!


sábado, mayo 2

La leyenda del Melanatos/Un cuento para los chicos/The legend of the Melanatos/Story for the boys


Más abajo del mar más profundo,
Donde el tiempo no ha existido,
Y el humano aún no ha hecho suyo,
Vive un pez que ninguno ha visto.
Con su luz ilumina y en tanto,
Se le ha de llamar Melanatos*


Y en la ruta a perdidas sirenas,
Una senda él mostraba a ellas,
Con el foco que cuelga en su frente,
Que estremece lo oscuro en todos;
¡Mantarrayas, cangrejos y monstruos!
Para dar claridad y buena suerte.


La leyenda de él dice nada;
Sólo un mito del cual han escrito;
Pero nadie ha sabido que escapa,
De los hombres que se han sumergido.
Porque aquel pez no sólo es del fondo,
¡Pues Delfines y Focas le han visto!


Y se cuenta que en tiempos lejanos;
Los Atlantes usaban su faro;
Para ver más allá de su mundo,
Y ayudar a algún naufrago herido,
Con la luz y la guía del rumbo,
De aquel pez que alumbraba caminos.


* Melanatos; nombre de fantasía derivado del pez abisal Melanocetus Jhonsoni

jueves, marzo 12

El valor de un Bebé/The value of a Baby

Historias Reales.


Pululando por las calles de Santiago de Chile, entré en una pequeña tiendita expendedora de ropa. La persona a cargo de las ventas en aquel lugar, era una joven muchacha de no más de 25 años, la cual, debía dividir su tiempo y atención en el cuidado de su hija de dos años.
Yo observaba las prendas y consultaba a la expendedora el valor de algunas de ellas; pero no pude seguir en lo mío, porque de pronto a la niña, la cual jugaba con un maniquí de medio cuerpo, se le resbaló de sus manitos causando un gran barullo; y como estaba bastante próxima a mí, me acerqué para ayudarla y recoger al modelito mientras su madre corrió a nuestro lado para ayudar a la nena, alejarla de mi lado en sus brazos y pedirme disculpas por lo sucedido. Para mí no fue nada grave, así que le dije que no se preocupara.Justo allí, y por el motivo de lo recién sucedido, ella comenzó a contarme que no tenía a nadie para que cuidara a su hija, y que de muy buena manera el patrón o jefe de la tienda le había otorgado el permiso para poder asistir al lugar de trabajo con la nena.
Y fue en ese momento también, cuando algo se desató en ella y comenzó a contarme casi toda su vida entera con respecto al tema de su maternidad. En ese instante yo pensé que la joven madre sólo necesitaba desahogarse, así que, puse toda mi atención en oírla. Pero pronto me di cuenta que en realidad todo lo sucedido anteriormente, había sido una especie de preámbulo para lo que a continuación la mujer me contaría.
El asunto fue que volvió a pedirme disculpas por contarme sus cosas, pero que en realidad estaba muy nerviosa e inquieta, porque la noche anterior, a su barrio en el cual vive, había llegado una drogadicta ofreciendo a una bebé de un mes de vida, desnutrida y casi sin ropa, por la suma de
$ 100.000 pesos chilenos (180 dólares americanos aproximadamente).
Era lógico que el dinero era para la droga de aquella mujer, la cual ya tenía 5 hijos más, todos en muy malas condiciones y seguidos en edad.
Una de sus vecinas, que no puede tener hijos, anteriormente había aceptado a otro bebe por la suma de $ 250.000 pesos; pero aquella vez el deseo maternal sólo le duró tres meses, porque pronto, la mujer que se lo había vendido, volvió para reclamarlo, aduciendo que se había arrepentido.
La joven madre de la tienda, me contó que como ella aún le daba de mamar a su hija, no dudó en ser una noble nodriza para la bebe que la noche anterior había llegado hasta la casa de la vecina, diciendo que la pequeña recién nacida no quería soltar su pecho; y entre otras mujeres más del barrio le dieron ropa,calor y cobijo, mientras la mujer que anteriormente había "comprado" a un niño, esta vez se debatía entre una nueva decisión de hacerlo con la nueva bebe presentada, porque lo más probable es que volviera a suceder lo mismo que aquella vez pasada.
Después de horas, y cuando ya era casi de madrugada, la madre-drogadicta volvió al lugar a preguntar qué habían decidido con respecto a la compra de la nena.
Todas las vecinas y amigas, le aconsejaron a la vecina que no podía tener hijos, que esta vez no lo hiciera, por que luego, volvería a suceder lo mismo.
Yo me dí cuenta que es un modo de operación de la mujer de las drogas, absolutamente actuado y preparado; porque el asunto es ese; vende, cobra, retira y tiene nueva mercancía para hacer lo mismo en otros lugares.
Le pregunté a la chica sobre el CENAME (centro nacional del menor) o informar a la policía; dijo que habían pensado hacer aquello, ya que la mujer de las drogas, en su hogar, tenía a cuatro hijos más de entre 2 y 8 años. Pero el asunto con el tema de informar a aquel centro o a la policía, no terminaría allí, pues aunque el bienestar de aquellos pequeños de seguro mejoraría, el de las vecinas y entorno no; porque las represalias por quitarle a la mujer drogada su "fuente de trabajo", de seguro serían tremendas.
..."Y una que se esfuerza tanto por los hijos. Pues ya me ve usted; yo aquí traigo a mi hija para cuidarla y poder trabajar..."
Le comenté algunas cosas, que creo que por su mirada la hicieron sentir un poco mejor; compré unas prendas que apenas vi si eran de mi talla y agrado, y luego ambos nos quedamos en silencio mirando jugar a la niña con aquel maniquí sin vida.