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domingo, abril 4

El metafísico

Un periódico diferente.




Nuevo informativo que sólo aparece cuando existen noticias del ámbito de la metáfisica.
Así que, como periodista-anónimo- de éste periódico, soy el encargado de transmitir las noticias para todas aquellas personas que definitivamente crean que existe algo más allá...
El término "Metafología"*, será entonces de gran importancia para el óptimo entendimiento de estos textos.
La primera noticia
El terremoto de Chile no sólo movió la tierra, sino que también la conciencia, el alma y algo más, pues se habrían despertado ciertos "dones" en muchas personas; incluso de algunas que en el momento del movimiento se encontraban en otros países. Así asegura una mujer de Puerto Rico que dice saber que por el hecho de comer constantemente ají, picante o conocido también como Chile, sería posible "adelantarse a un gran sismo" y alcanzar a ponerse a salvo con un rango de tiempo de 30 segundos antes que comience un gran terremoto.
¿Las asociaciones y comprobaciones científicas?
Insisto; Éste es un periódico para metafísicos; pero de todos modos-porque en éstos ámbitos nunca nada está demás-acotaré que la noticia tiene que ver con altas concentraciones de adrenalina.
El que busca, siempre encuentra, y Santa Wiki es la más sabia...



Y yo, me despido y me pierdo, por ahora.




Un cordial saludo a todos.



El metafísico




*Metafología: Nueva palabra utilizada para referirse al estudio de diversos temas desde el punto de vista metafórico-profundo, asociando, sin prejuicios, las señales de la naturaleza con el mundo nuevo-cognitivo de la metafísica-cuántica.



domingo, septiembre 13

Efrien.El halcón peregrino



-¡Vuela Efrien! ¡Vuela!-Dijo Davial…

Efrein era un halcón veloz como el viento y fiel como la tierra.
Davial, que había sufrido una caída mortal en las montañas, con las fuerzas que aún le quedaban envió al peregrino en busca de ayuda.

El ave voló hasta que por fin encontró una cabaña en la cual divisó a un hombre; pero éste no comprendió el lenguaje de el halcón y a manotazos lo espantó y continuó cortando leña.
Efrein se posó en la copa del árbol que el hombre estaba cortando y emitió varios graznidos. Pero el humano seguía sin prestar atención al halcón. Luego bajó del árbol en picada y picoteó varias veces la mano del hombre quien empuñaba un hacha, hasta que el instrumento cayó al suelo. Seguido de aquello, Efrein intentó tomar el hacha con sus garras y volar en dirección hacia donde estaba su amo, pero le fue imposible; era muy pesada para el cuerpo de un ave. Tantas veces intentó levantar el hacha, que aquello produjo un dibujo en la tierra suelta de aquel lugar.
Efrein había creado una palabra; Savior. El nombre del hijo de aquel hombre, el cual había desaparecido hacía un año en las grandes montañas del valle. El campesino quedó perplejo e inmediatamente comprendió al Halcón. Fue en busca de su caballo y siguió raudo a Efrein.
Cuando llegó al lugar en donde se encontraba Davial; el hombre no vio a su hijo, pero quiso ayudar al accidentado. Con cuerdas se iba sosteniendo en aquella montaña para poder llegar hasta una saliente en donde se encontraba Davial sentado, pero con una pierna rota.
Ambos tuvieron que bajar rodeando la montaña, porque era la manera con la cual Davial sufriría menos al no tener que apoyar su pierna para soportar su propio peso en bajada recta.
Cuando llegaron abajo se dieron cuenta que ninguno conocía el lugar; y Efrein, que yacía en una gran roca un poco más allá, graznaba y graznaba nuevamente sin parar.
Davial le dijo al hombre que fuera a ver, porque su halcón por algo estaba emitiendo tantos graznidos.
El hombre rodeó la roca y atisbó un fuego que ya casi se había consumido y a un hombre apoyado en un árbol sentado de espaldas. Cuando llegó hasta el personaje, vio que tenía una venda con rastros de sangre seca que cubría sus ojos:
-¡Quién está allí!-exclamó el ciego.
-¡Savior!-respondió el padre.
El halcón voló y se posó en el hombro de su amo.



Moraleja:

Dicen que los animales ven más allá que los hombres; y que para quien sabe ver, el mundo es un gran rompecabezas.

domingo, junio 7

Mar Profundo/Deep sea

Mar Profundo
Por Lain Deba




Se cuenta que en los tiempos de la antigua España
Del 1800, el mar profundo en una gran paradoja, fue el creador de una historia…


Cuánta nostalgia había en su mirada. Se sentaba en aquellas rocas internadas a unos cuantos metros de la playa a esperar que el mar le llevara y navegaba en su pequeña embarcación mar adentro cuando grandes tormentas se desataban. Había intentado infinidad de veces ahogarse, pero nada. Parecía como si aquella magnánima masa de agua se burlara de él. Simplemente no querían llevárselo.
Tanto sufrimiento en su corazón deshecho de amargura, porque un día el mar implacable, le arrebató al gran amor de su vida. Incluso una mañana corrió rápidamente hasta un bulto que se divisaba a lo lejos en la playa creyendo que era su amada, pero no; era el cadáver de un hombre que nunca se supo desde dónde llegó hasta allí.
El mar jamás devolvió el cuerpo de la mujer. Y en otra ocasión, paseando solitario por las arenas, encontró una argolla de oro; objeto que más dolor sumó a su existencia.


Pero un día que parecía uno más en su monótona existencia, y mientras yacía sentado en aquellas rocas frías, su mirada perdida fue interrumpida por el sonido de un golpeteo. Bajó la vista y vio una pequeña botella flotando en el borde de la piedra. La sacó del agua, la miró, y seguido de aquello quitó el corcho que la sellaba.

Sacó un papel enrollado de color rojo y comenzó a leer:



Mar, ¡Devuélveme a mi amado!
¡Entrégame su cuerpo!
Que quiero sepultarlo.


La roca envuelta en algas,
es mi alma desesperada,
Pues mi vida es amarga.

Si alguien lee estas letras, sepa que ya no deseo vivir.
Pero mar profundo, ¡Devuélveme a mi amado antes de partir!...





Isabel



Guardó el contenido en la botella, tomó su pequeña embarcación, viajó al borde de las costas durante tres semanas; en una roca encontró a la bella dama, y comprendió entonces que el hombre muerto, la argolla y el rechazo de las aguas para su muerte, era el mar profundo que le había estado hablando siempre…

martes, abril 21

Inés



Caminó durante mucho tiempo sin saber hacia donde iba. Luego, cuando pasó por la estación de trenes, se sentó a observar a lo lejos a toda esa gente. Su viejo sombrero jipijapa de color gris, estaba a tono con su alma y pensó:
-No creo ya que valga la pena vivir sin Inés. ¡Ay!, Inés, ¡Ay! Dios, ¡Porqué te la llevaste!
Y bajando la cabeza, comenzó a llorar en silencio.

El silbato del tren se oyó fuertemente, y más hondo caló en su corazón el dolor por la pérdida de su amada Inés.
- ¿Porqué llora, señor?
Era la voz de una pequeña niña que de pronto estaba sentada a su lado.
El levantó la cabeza, la observó unos instantes, y le dijo que sólo estaba triste, pero que pronto se le pasaría. Luego, mientras la niña lo miraba, él buscó con la vista a los padres de la niña; pero parecía que ella estaba sola.
- ¿Y tus padres? Preguntó a la nena.
-No se, se fueron corriendo de pronto y ya no los vi.
Qué cosa más extraña, pensó el hombre; pues la niña no tenía más de 6 años, y le llamó mucho la atención que estuviera sola. De seguro se ha de haber perdido entre tanta gente, murmuró. Y saliendo un poco de su pena por Inés, la tomó de la mano para ir en busca de sus padres.
-Ahora ya no llora, señor. Habló la niña mientras caminaban.
- Pues no pequeña, tengo que llevarte con tus padres, o buscar ayuda para encontrarlos.
-Nunca más llore señor, siempre hay que seguir adelante. Me lo dijo una señora que hace poquito conocí. Habló nuevamente la pequeña.
El hombre quedó petrificado, porque aquellas palabras fueron las mismas que Inés le dijo en su lecho de muerte, hacía sólo cuatro días.
Luego, saliendo del estado absorto en que había quedado después de oír a la niña, miró hacia lo lejos y vio a mucha gente reunida. De pronto la niña lo soltó de la mano y se dirigió corriendo hacia el lugar. Cuando él reaccionó, también corrió para ir detrás de ella, pero la nena ya se había perdido entre la gente.
Ya entremedio de todo el tumulto, se dio cuenta que ni siquiera sabía el nombre de la niña para llamarla. Pero una vez más, su atención se posó en lo que estaba ocurriendo en aquel gentío. Una mujer lloraba a gritos absolutamente desconsolada, mientras tres hombres la detenían.
- ¡Inés, Inés, mi hija! Se oyó fuertemente.
El hombre se acercó a ver rápidamente, y en las líneas del tren estaba el cuerpo sin vida de la pequeña que momentos atrás había conocido.