Desde hace aproximadamente un año y una vez al mes, voy al centro de Santiago de Chile a pagar todas mis cuentas de una sola vez. Y luego que termino de hacer todo, me compro un helado o algo pequeño para comer y me dirijo a
Son tantas las historias que he oído; por ejemplo el señor Peruano que llevaba tres años en Chile trabajando y según él le iba bien; pero extrañaba tanto a su hija adolescente, que no pudo resistir ponerse a llorar conmigo. Supongo ya ha de estar nuevamente en su país.
En otra ocasión, una señora que esperaba a su pareja, me contó parte de su vida; al que esperaba era su amante. También otro señor una vez se me acercó y mientras ambos dábamos alimento a las palomas, me dio toda una charla de las costumbres de estas aves, pues su divorcio tuvo que ver con ellas; la esposa no soportó la casa llena del excremento de las palomas que él un día decidió criar. Aprendí bastante de las aves, el amor y la tolerancia de las personas.
Hay muchas historias que podría contar, porque me he dado cuenta que en
Y así, una vez al mes, siempre hay alguien que desea hablar y ser oído en aquel espacio de todos. Es un lugar positivo y para el desahogo. Pienso. Los estudiantes de psicología, deberían ir allí. O quizá psicólogos y psiquiatras ya titulados.
Necesitaba escribir acerca de esto que observo una vez al mes, en 2 ó 3 horas.











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